Despedida

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Una despedida es necesaria para volver a reencontrarse… 

 

Quiero comenzar esta entrada agradeciéndole al profe Daniel, por hacernos conocer este maravilloso Medio por el que  vamos a poder compartir muchas cosas con nuestros colegas y alumnos.

 También a mi compañera de blog Carolina, ya que juntas comenzamos a explorar este loco camino.

 Llegó el  momento de hacer un balance de esta etapa, y voy a reconocer  que al principio tenía muchas inquietudes, dudas, de cómo sería la materia y de que se trataría, ya que esto era nuevo para mi… Sinceramente les puedo decir que  me costó, pero finalmente me llevo una experiencia maravillosa, ya que aprendí una gran cantidad de cosas , entre ellas que no era tan difícil como creía…solo tenia que animarme .. y .. ¡Qué lindo es mirar para atrás, y ver cuanto aprendimos junto a esta nueva herramienta!!

Creo que pusimos lo mejor de nosotras , para llevar a cabo la propuesta, y también lograr objetivos personales, al ir superándonos día a día y descubriendo nuevas utilidades para darle al blog.  Estoy muy contenta por todo lo logrado en la cursada.

 

 Que más les puedo decir, espero que lo hayan pasado tan bien visitando nuestro blog, como nosotras que disfrutamos tanto en hacerlo.

 Hasta la próxima… Seño Tati ♥

Esta propuesta me pareció súper interesante, pero me generó muchos desafíos desde el primer día.

Si bien suelo usar la tecnología frecuentemente, nunca había tenido contacto con un blog, no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo encararlo. De repente me sentí en la nada.

Con el correr de las clases y con la ayuda tanto del profesor como de mi compañera, encontré la manera de ver el lado divertido y educativo de esta nueva herramienta.

A mi entender, creo que es de gran utilidad para las docentes y las familias.

Disfrute mucho la materia, y las propuestas que se nos iban presentando, me generaban muchos desafíos pero también las ganas de resolverlos.

Me llevo un año con muchos conocimientos nuevos, adquiridos gracias a esta materia, para brindarles y transmitirles a mis futuros alumnos en los próximos años.

 Hasta la próxima…Seño Caro ♥

Colorín.. colores!!

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HOLA CHICOS! HOY LES PROPONEMOS ENTRETENERSE LEYENDO ESTA HERMOSA HISTORIA.

 

Un día, todos los colores del mundo empezaron a discutir entre ellos, ya que cada uno pretendía ser el mejor, el más importante, el más bello, el más útil, el favorito de todos.

El verde afirmó: “Soy el más esencial, es innegable. Represento la vida y la esperanza. He sido escogido como la hierba, los árboles y las hojas. Sin mí, los animales morirían. Mirad el campo y veréis que soy el que más presente está.”

El azul tomó la palabra: “Tú sólo piensas en la tierra, pero olvidas el cielo y el océano. Es el agua la base de la vida. Y el cielo nos da el espacio, la paz y la serenidad. Sin mí, ninguno de vosotros seríais nada.”

El amarillo se rió ante esas palabras: “Que gracia que me hacéis los dos. Yo aporto la risa, la alegría y el calor al mundo. La prueba es que el sol es amarillo, al igual que la luna y las estrellas. Cada vez que miráis un girasol, el os demuestra que yo soy la vida. Sin mí, no habría ningún placer en esta tierra.”

La naranja elevó su voz entre el tumulto: “Soy el color de la salud y de la fuerza. Tal vez me ven menos a menudo que a vosotros, pero soy útil para las necesidades de la vida humana. Transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, en las calabazas, en las naranjas, en los mangos, en las papayas,… No estoy presente todo el tiempo, pero cuando coloreo el cielo en los amaneceres o atardeceres, mi belleza es tal que se fija ya en vosotros, sólo en mí.”

El rojo que se había mantenido al margen hasta ese momento, tomó la palabra alto y fuerte: “Yo soy el jefe de todos los colores, porque soy la sangre, la energía de la vida. Soy el color del peligro y de la valentía. Siempre estoy dispuesto a pelearme por una causa. Sin mí, la tierra estaría tan vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor, de la Rosa roja, de la Poinsetia y de las Amapolas.”

 

El púrpura se levantó y habló dignamente: “Yo soy el color de la realeza y del poder. Los reyes, los jefes y los obispos siempre me escogieron porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me interroga: me escuchan y obedecen.”ma 

Finalmente, el índigo tomó la palabra, con mucha más calque los demás, pero con la misma determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Quizás no me hayáis visto, pero sin mí seríais insignificantes. Represento el pensamiento y la reflexión, la sombra del crepúsculo y las profundidades del agua. Me necesitáis para el equilibrio, el contraste y la paz interior.”

Y así los colores continuaron jactándose, convencidos cada uno de ellos de su propia superioridad. Su disputa se hizo cada vez más fuerte. Pero de repente, un relámpago apareció en el cielo y el trueno gruñó. La lluvia comenzó a caer fuerte. Inquietos, los colores se acercaron unos a otros para sentirse seguros.

 Y en medio del clamor, la lluvia tomó la palabra: “¡Idiotas! ¡No dejáis de discutir y cada uno intenta mandar sobre los demás! ¿¡No sabéis que cada uno de vosotros existís por una razón especial, única y diferente? ¡¡Juntad vuestras manos y venid conmigo!!” Los colores obedecieron y unieron sus manos.

Y la lluvia prosiguió: “De ahora en adelante, cuando llueva, cada uno de vosotros atravesará el cielo para formar un gran arco de colores y demostrar que podéis vivir juntos en armonía. El arco iris es un signo de esperanza para la vida. Y cada vez que la lluvia lave el mundo, un arco iris aparecerá en el cielo, para recordar al mundo que debemos amarnos los unos a los otros. “

 

LAS SEÑOS ♥

Aspectos del Lenguaje Audiovisual

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Está claro que los mensajes audiovisuales facilitan la comunicación (“vale más una imagen que 1000 palabras”), resultan motivadores y aproximan la realidad a las personas. Por lo tanto, su utilización en los entornos educativos resulta muy recomendable. Ahora bien, hay que ser crítico frente a la alienación que genera un consumo masivo, disperso e irreflexivo de imágenes.

 “La civilización democrática sólo se salvará si se hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis“. Umberto Eco

Nos pareció importante destacar esta parte del texto, ya que para nosotras es fundamental, la implementación de las nuevas tecnologías y los medios audiovisuales en las aulas;  los alumnos en la actualidad, están inmersos en este nuevo mundo digital. 

Creemos que los docentes deben capacitarse para poder llevar a cabo este acercamiento al “nuevo mundo” para realizar un trabajo más significativo para sus alumnos, y para dejar atrás los miedos o prejuicios que las nuevas tecnologías pueden provocarles.

También nos llevó a reflexionar la frase de Umberto Eco: El no abusar del uso de la imagen, de los medios audiovisuales en general, el poder lograr un equilibrio entre las nuevas tecnologías, la abundancia de información y la instantaneidad de la misma,  y detenernos un momento a pensar, reflexionar sobre lo que esa información quiere transmitirnos.

Nos parece interesante, poder transmitir también, ese mensaje a nuestros alumnos, para que sean capaces de reflexionar y tener un pensamiento crítico con respecto al uso de las nuevas tecnologías. 

Nos parece que el vídeo refleja el temor, la incertidumbre que pueden sentir algunos docentes sobre esta “nueva forma de enseñar”. Sin embargo, resalta la importancia de poder vencer esos temores y lograr hacerlo, ya que todos formamos parte de esta era digital, que afecta todos los aspectos de nuestra vida, y obviamente la educación no puede quedarse afuera.

El rey Arturo

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Hola chicos!!! Hoy les dejamos esta leyenda que nos encanta y queremos compartirla con ustedes ! Que la disfruten! 
LA LEYENDA DEL REY ARTURO
 
Inglaterra había quedado huérfana de soberano tras la muerte del rey Uther, y la nobleza pedía a Dios que los guiara para encontrar al nuevo sucesor de la corona.
Los miembros de la corte peregrinaron desde la plaza principal al monte, elevando plegarias para encontrar pronto a su próximo monarca. Una vez en la cima, finalmente hallaron la señal divina que esperaban.
Clavada en una roca, encontraron una espada con la siguiente inscripción: “Soy Scaliborn, el mejor tesoro de un rey”.
El Obispo, reconociendo la mano de Dios en el hallazgo, sentenció:
– ¡Nobles de Gran Bretaña, el Señor ha hablado! Aquel que logre retirar la espada de esta piedra será ungido como nuestro nuevo monarca.
Varios fueron los caballeros que lo intentaron; sin embargo, uno a uno fueron fracasando.
Pero el tiempo pasó y llegó la fiesta de Pentecostés, y con ella los más prestigiosos caballeros, entre ellos Sir Kay.
Tenía Sir Kay un joven escudero, llamado Arturo, quien lo acompañaba en los torneos.
Cuando, ejercitando para la contienda, el caballero rompió su espada, le ordenó al mozo:
– Por favor, Arturo, ve a la casa de mi padre, dile que necesito una espada nueva y tráemela.
Arturo fue por el arma, pero en el camino pasó por un monte peñascoso y encontró una hermosa espada. Sin pensarlo mucho, decidió llevársela a su amo; así que la retiró de la piedra en que estaba clavada y regresó con Sir Kay.
Al ver la espada, el resto de caballeros y asistentes al torneo exclamaron:
– ¡Es Scaliborn! ¡Es la espada sagrada! ¡La espada de nuestro rey!
Sir Kay pensó haber sido elegido rey; pero el Obispo aclaró que el reto no trata de quien posea la espada sino de quien la haya retirado de la roca. Acto seguido, mandó colocarla nuevamente para hallar al verdadero soberano.
Una vez más, todos los caballeros hicieron vanamente el intento; y al no haber otros aspirantes, Arturo, escondido entre la multitud, pidió al Obispo un oportunidad.
El joven escudero sacó fácil mente la espada de la roca, por lo que fue nombrado rey en medio del júbilo de la gente, llegando a encabezar grandes hazañas para gloria de Inglaterra.

Doña Clementina Queridita, la achicadora

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Hola chicossss!!!

Queremos compartir con ustedes este maravilloso cuento! A nosotras nos gusta muchísimo y esperamos que a ustedes también. 

Cuando los vecinos de Florida se juntan a tomar mate, charlan y charlan de las cosas que pasaron en el barrio. Se acuerdan del ladrón de banderines de bicicletas; de cuando, por culpa de la máquina del tiempo, se les heló el agua de las canillas en pleno diciembre…

Pero más que de ninguna otra cosa les gusta hablar de doña Clementina Queridita, la Achicadora de Agustín Álvarez. Doña Clementina no había empezado siendo una Achicadora: por ejemplo, a los dos años era una nenita llena de mocos que se agarraba con fuerza del delantal de su mamá y a los diez, una chica con trenzas que juntaba figuritas de brillantes.

Cuando doña Clementina Queridita se convirtió en la Achicadora de Agustín Álvarez era ya casi una vieja. Tenía un montón de arrugas, un poquito de pelo blanco en la cabeza y un gato fortachón y atigrado al que llamaba Polidoro.

A doña Clementina los vecinos la llamaban “Queridita” porque así era como ella les decía a todos: “Hola, queridita, ¿cómo amaneció su hijito esta mañana”, “Manolo, queridito, ¿me harías el favorcito de ir a la estación a comprarme una revista?”

Pero, aunque todos la conocían desde siempre, doña Clementina sólo llegó a famosa cuando empezó con los achiques. Y los achiques empezaron una tarde del mes de marzo, cuando doña Clementina tenía puesto un delantal a cuadros y estaba pensando en hornear una torta de limón para Oscarcito, el hijo de Juana María, que cumplía años.

En el preciso momento en que doña Clementina estaba por agarrar los huevos de la huevera, entró Polidoro, el gato, maullando bajito y frotándose el lomo contra los muebles.

— ¡Poli! ¡Tenés hambre, pobre! —se sonrió doña Clementina y, volviendo a dejar los huevos en la huevera, se apuró a abrir la heladera para buscar el hígado y cortarlo bien finito.

— ¡Aquí tiene mi gatito! —dijo, apoyando el plato de lata en un rincón de la cocina.

Y ahí nomás vino el primer achique. El gordo, peludo y fortachón Polidoro empezó a achicarse y a achicarse hasta volverse casi una pelusa, del mismo tamaño que cada uno de los trocitos de hígado que había colocado doña Clementina en el plato de lata.

El pobre gato, bastante angustiado, erizaba los pelos del lomo y corría de un lado al otro, dando vueltas alrededor del plato, más chiquito que una cucaracha pero, sin embargo, peludito y perfectamente reconocible. Era Polidoro, de eso no cabía duda, pero muchísimo más chico.

Doña Clementina, asustadísima, lo hizo upa enseguida: le parecía muy peligroso que siguiera corriendo por el piso; al fin de cuentas podía matarlo la primera miga de pan que se cayera desde la mesa… Lo sostuvo en la palma de la ruano y lo acarició lo mejor que pudo con un dedo. En medio de la pelusita atigrada brillaban dos chispas verdes: eran los ojos de

Polidoro, que no entendían nada de nada.

Se ve que la enfermedad del achique es muy violenta porque después del de Polidoro hubo como quince achiques más, todos en el mismo día.

Doña Clementina se sacó el delantal a cuadros, agarró el monedero y corrió a la farmacia.

— ¡Ay, don Ramón! —le dijo al farmacéutico, un gordo grandote y colorado, vestido con delantal blanco—. Don Ramón, algo le está pasando a Polidoro. ¡Se me volvió chiquito!

Don Ramón buscó un frasco de jarabe marca Vigorol y lo puso sobre el mostrador.

— ¿Y usted cree que este jarabito le va a hacer bien, don Ramón? —preguntó doña

Clementina mientras miraba con atención la etiqueta, que estaba llena de estrellitas azules.

Y en cuanto terminó de hablar, el frasco de jarabe se convirtió en un frasquito, en un frasquitito, en el frasco más chiquito que jamás se haya visto.

Don Ramón, el farmacéutico, corrió a buscar una lupa: efectivamente, ahí estaba el jarabe de antes, muy achicado, y, si se miraba con atención, podían divisarse las estrellitas azules de la etiqueta.

— ¡Ay, don Ramón, don Ramoncito! ¡No sé lo que vamos a hacer! —lloriqueó doña Clementina con el frasquito diminuto apoyado en la punta del dedo.

Y don Ramón desapareció.

— ¡Don Ramón! ¿Dónde se metió usted, queridito? —llamó doña Clementina.

— ¡Acá estoy! —dijo una voz chiquita y lejana.

Doña Clementina se apoyó sobre el mostrador y miró del otro lado. Allá abajo, en el suelo, apoyado contra el zócalo, estaba don Ramón, tan gordo y tan colorado como siempre, pero muchísimo más chiquito.

“¡Pobre hombre!”, pensó doña Clementina. “¡Qué solito ha de sentirse allá abajo…! Voy a llevarlo con Polidoro, así se hacen compañía.”

De modo que doña Clementina se llevó a don Ramón en un bolsillo y al frasquito de jarabe en el otro.

Entró en su casa y llamó:

—Poli… Poli… Estoy acá.

Pero Polidoro no vino. Se había caído en el fondo de la huevera y desde allí maullaba pidiendo auxilio. Entonces doña Clementina se dio cuenta de que las hueveras eran muy útiles para conservar achicados. Sin pensarlo dos veces, sacó los huevos que quedaban, los puso en un plato y en la huevera puso a don Ramón, que la miraba desde el fondo, perplejo, y algo le decía, pero en voz tan bajita que era casi imposible oírlo.

En fin, basta con que les cuente que, en esos días, doña Clementina llenó la huevera, y tuvo que inaugurar dos hueveras más, que contenían:

—un gato Polidoro desesperado,

—un don Ramón agarrado al borde, que cada tanto pedía a los gritos algún jarabe,

—un frasquito de jarabe Vigorol con una etiqueta llena de estrellitas.

—el “kilito» de manzanas que doña Clementina le había comprado al verdulero,

—la “sillita” de Juana María, en la que se habla sentado cuando fue al cumpleaños de Oscar,

—el propio “Oscarcito”, al que de pronto se le había acabado el cumpleaños, —un “arbolito”, al que se le estaban cayendo las hojas,

—un “librito de cuentos”,

—siete “velitas” (encendidas, para colmo), y otras muchas cosas que resultaban invisibles a los ojos – como un ‘tiempito”, un a problemita” y un “amorcito”-, todas chiquitas.

Y, claro, doña Clementina no sabía qué hacer con sus achicados; le daba mucha vergüenza esa horrible enfermedad que la obligaba a andar achicando cosas contra su voluntad. Era por eso que, en cuanto algo o alguien se le achicaba (gente, bicho, cosa o planta), se apuraba a metérselo en el bolsillo y después corría a su casa para darle un lugarcito en la huevera.

Con las “manzanitas”, la “sillita”, las “velitas”, el “jarabito” y el “librito de cuentos” no había conflicto. Pero con Polidoro, sobre todo con don Ramón y con Oscarcito era otra cosa. En el barrio no se hablaba de otra cosa que de su misteriosa desaparición.

La mujer de don Ramón no sabía qué pensar: había encontrado la farmacia abierta y sola, sin rastros del farmacéutico por ninguna parte. Y Juana María y Braulio, los padres de Oscarcito, andaban desesperados en busca del hijo tan travieso que se les había escapado justo el día del cumpleaños.

Así pasaron cinco días.

Doña Clementina Queridita, la Achicadora de Agustín Álvarez, cuidaba con todo esmero a sus achicados: al arbolito le ponía dos gotas de agua todas las mañanas, a Oscarcito lo alimentaba con miguitas de torta de limón (su torta favorita) y a don Ramón le preparaba churrasquitos de dos milímetros, vuelta y vuelta. Dos veces al día doña Clementina vaciaba las hueveras sobre la mesa de la cocina: Oscarcito jugaba con Polidoro y los dos se revolcaban hasta quedar escondidos debajo de la panera; don Ramón, en cambio, muy formal, se sentaba en la sillita y le explicaba a doña Clementina cosas que ella jamás entendía, mientras mordisqueaba una manzana (perdón, una manzanita).

En el quinto día de su vida en la huevera Oscarcito se puso a llorar. Fue cuando vio, apagadas y chamuscadas, las siete velitas de su torta de cumpleaños.

Doña Clementina se puso a llorar con él: Oscarcito era su preferido entre los chicos del barrio.

No sabía qué hacer para consolarlo; era tanto más grandota que él que ni siquiera podía abrazarlo…

—Bueno, Oscar, no llores más —le decía mientras le acariciaba el pelo con la punta del dedo

—. ¿Cómo vas a llorar si ya sos un muchacho? ¡Un muchachote de siete años! Entonces Oscar creció. Creció como no había crecido nunca. En un segundo recuperó el metro quince de estatura que le había llevado siete años conseguir. Y se abrazó a la cintura de doña Clementina, la Achicadora de Agustín Álvarez, que, por fin, había encontrado el antídoto para curar a sus pobres achicados.

Doña Clementina corrió a agarrar al gato Polidoro y le dijo, entusiasmada:

— ¡Gatón! ¡Gatote! ¡Gatazo!

Y Polidoro creció tanto que hasta podría decirse que quedó un poco más grande de lo que había sido antes del achique.

Le tocaba el turno a don Ramón.

Doña Clementina dudó un poco y después llamó:

— ¡Don Ramonón!

Y don Ramón volvió a ser un gordo grandote y colorado, con delantal blanco, que ocupó más de la mitad de la cocina.

Y todos corrieron a casa de todos a contar la historia esta de los achiques, que, con el tiempo, se hizo famosa en el barrio de Florida.

Desde ese día doña Clementina Queridita cuida mucho más sus palabras, y nunca le dice a nadie “queridito” sin agregar enseguida: “queridón”. La sillita de Juana María. El frasquito con la etiqueta de estrellitas azules y el librito de cuentos siguieron siendo chiquitos. Están desde hace años en un estante del Museo de las Cosas Raras del barrio de Florida, adentro de una huevera.

 

HAS TA LA PRÓXIMA! 

LAS SEÑOS ♥

Mi experiencia con Famis (Parte 2)

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Hola chicos, hoy les proponemos seguir leyendo la historia de Famis! Que intriga nos dejó la última parte!!! Ahora veremos como continúa la historia!

Que la disfruten!! 

Aquella noche no hubo forma de dormir, pues el extraño y diminuto personaje no se había ido, seguía inmóvil encima de mi hombro, repitiendo:

– Te llevaré conmigo soy muy malo con los que no comen….

Y yo en vez de no escuchar y deshacerme de ese mal espíritu con un resoplido de indiferencia le presté atención, eso causo que el espíritu se envalentonara y comenzara a hablar con voz más potente.

-Si desciendo de tu hombro y decido atacarte estarás perdido – dijo Famis.

Sin pensarlo dos veces, me metí en la cama y me envolví de pies a cabeza con la sabana, permanecí quieto y encogido, pensando y pensando, y tras mucho pensar, decidí:

– “Me comeré toda la comida que me sirva la Tía Edelmira

Entonces, al escuchar esto el asustado fue el espíritu del hambre. Si estoy seguro que te venceré, sin duda lo conseguiré, le dije al
diminuto personaje, quien inmóvil me miraba fijamente. Luego de una noche larga e incomoda llego la mañana, me presenté en la cocina y, con un rechinante beso le desee los buenos días a la tía Edelmira.

Mi tía sonrió y continúo en lo que mas le gustaba, preparar el desayuno.

– Ponme una gran de taza de leche y mucho pero mucho pan con jalea. – le dije. Y ella, con una gran sonrisa así lo hizo. Enseguida y sin chistar devoré el primer trozo de pan con admirable apetito. El segundo me costo un poco más, a mitad del tercero mi estomago estaba a punto de reventar…. ¡ Y aun en el plato quedaban cuatro panes y media taza de leche… No puedo más……., me dije. Doy por perdida la batalla….

Al escuchar tales palabras el pequeño ser que me atormentaba se echo a reír locamente y comenzó a aplaudir de una manera que me causo pánico. Luego de un momento me susurró al oído con un tono de malicia.

– ¿Tirarás la leche y los panes? La tía se enfadará.

Les confieso que estaba tan asustado que no me atrevía ni a mover un dedo, hasta que una idea cruzó como ráfaga por mi cabeza, me dije para mis adentros, para que el diminuto ser no pudiera escuchar, si consigo salir a la calle y empiezo a correr y correr muy rápido Famis no podrá alcanzarme y me veré libre al fin de tal tormento, así lo haré, e ilusionado con tal plan decidí ponerlo en marcha en ese mismo momento.

Así que empecé a caminar lentamente, hasta llegar a la puerta, la abrí ¡Salí veloz como el viento! Corrí y corrí sin parar hasta que me falto el aliento, entonces hice un alto, pues me sentía exhausto……

Continuará…

 

LAS SEÑOS ♥